sábado, 3 de enero de 2015

3. EL TRASTORNO RELIGIOSO DE LA PERSONALIDAD


3. 1 Descripción

Los individuos con trastorno religioso de la personalidad (TRP) consideran que Dios es una construcción y experiencia propia, que depende de los rituales, devociones, pensamientos religiosos, obras humanas en general, que puedan ponerse en práctica para ganar la indulgencia y los favores del Creador.

Como puede apreciarse, una gran proporción de la humanidad se rige por prácticas religiosas que considera absolutamente verdaderas aunque no se tenga un soporte espiritual y real de dicha relación con la Deidad.

En este sentido son infinitos los sistemas religiosos, sectas, movimientos espirituales, entre otros más, inventados por hombres astutos que se aprovechan de las necesidades espirituales de sus fieles, quienes en esencia sí desean tener una relación personal con Dios, aparte de lograr unas prácticas religiosas sanas para con el Creador.

Asimismo, muchas de las doctrinas inventadas por dichos hombres están plagadas de sus errores, imperfecciones y convicciones sobre lo que consideran la verdadera espiritualidad.

El individuo religioso suele vender una eternidad de la cual ni el mismo tiene garantía y certeza humana; así como referir experiencias espirituales espectaculares que nadie más ha podido tener.

La persona con TRP practica ritos religiosos de los cuales no tiene certeza de su eficacia, así como un autoperdón, como si viniera de parte  de Dios mismo, de sus falencias y pecados, pero sin lograr jamás una liberación plena de lo que esclaviza su vida. Estos individuos suelen ser incongruentes, por supuesto, entre aquello que predican y lo que realmente aplican.



El ritualismo se explica por la serie de actos religiosos, supuestamente aceptados por Dios y falsamente eficaces en la conciencia de las personas.

La devocionalidad le permite o autojustifica dándole un tinte afectivo y emocional a su religiosidad.

Los actos bondadosos y sacrificiales (que deben ser normales o naturales) le generan el sentimiento de bondad y le hacen creer que Dios lo justifica por ayudar a otros o por su generosidad.

La liberación se experimenta de forma incompleta mientras dura el ritual, pero la condición humana en esencia sigue sin cambiar, sin justificación de parte del Dador de la vida.
Las personas con TRP pueden ser percibidas y valoradas como muy cercanas a Dios, como agentes irrefutables de la verdad, como personas más santas o como seres que sí van por el camino del bien.


3. 2 Rasgos descriptivos

Es posible postular los siguientes rasgos:



§  Autojustificación. El individuo religioso busca salvarse a sí mismo, y a otros por sus propios medios, y no por dirección divina.
§  Devocionalidad. Tendencia de la espiritualidad del individuo para dar carácter sagrado, o en su defecto de sacrilegio, a diversos eventos religiosos.
§  Idolatría. El individuo puede adorar imágenes, artilugios, artefactos, objetos religiosos meramente de carácter religioso y ritual, con énfasis animista.
§  Ritualismo. El individuo se adscribe o inventa rituales para “acercarse” a Dios.
§  Éxtasis. El individuo puede experimentar algunos estados alterados de conciencia, de trance, de “espiritualidad”, bajo sugestión de un líder, una doctrina o un ideal religioso.
§  Autosacrificios. El sujeto puede realizar sacrificios dignos de admiración por expiar sus pecados y sus culpas, así como realizar buenas obras persistentemente para sentirse bien delante del Creador.

§  Otras características. Que puedan ser identificadas alrededor del comportamiento religioso.



3. 3 Dinámica

El individuo con TRP corresponde a la mayoría del porcentaje de la humanidad de todos los tiempos, por cuanto la religión, el sectarismo, las ideologías y diversas corrientes del pensamiento, son producciones culturales e inventos humanos, y que semejante a lo humano, están llenos de errores, imperfecciones e injusticias.

La característica central del TRP es la creencia de poder “ganarse” a Dios por los propios medios, fuerzas y recursos, así como “autosalvarse” de una conciencia moralmente reprobable.

Estas personas pueden estructurar o seguir rituales que ejercen un “efecto psicológico” de autoindulgencia, autoperdón y paz, en la conciencia del individuo, pero que, cuando se esfuma dicho efecto, sienten en sí las consecuencias de la falta de arrepentimiento y enmienda que exige el Creador de sus hijos.

Estas personas muy arraigadas en tradiciones religiosas, buscarán que otras permanezcan en la misma dinámica religiosa o que cambien de forma de parecer a su propio sistema “más eficaz”.

El religioso suele tornarse inflexible, rígido, sectario, de modo que algunos movimientos religiosos se vuelven violentos en la imposición de sus creencias y ritos, demasiado permisivos con la inmoralidad, como ocurre en otras instancias.

Este individuo es excelente para mirar la paja en el ojo ajeno, pero cuenta con la imposibilidad de verla en sí mismo, desarraigarla.

El religioso espera fechas específicas para “santificarse” o “enmendarse”, pero apenas pasen, seguirá en su desenfreno de conducta y su ritualismo sagrado.

En realidad, uno de los rasgos o proceso cognitivo marcado en el individuo con TRP es el autoengaño de creer que está bien con el Creador y que tiene su eternidad garantizada.





3. 4 Posible etiología

El ser humano tiende a la trascendencia; desde la antigüedad se ha preguntado por la Deidad, por algo más allá de lo terrenal: ¿Qué viene después de la muerte? ¿Cuál es el papel del sufrimiento en la vida? ¿Existe la Salvación? ¿Existe la condenación?, preguntas que inquietan día a día a la persona. El individuo sabe que tiene un consciencia que le indica si sus comportamientos son moralmente adecuados o no (“buenos” o “malos”).

En esa medida el individuo puede caer en la tentación de elaborar sus propias explicaciones y teorías acerca de Dios y lo trascendente, para suplir sus “necesidades espirituales”; en esta dirección no son pocas las religiones, sectas, movimientos espirituales creados por el individuo para explicar a Dios y tratar de comprenderlo. En consecuencia: ganar el favor y la indulgencia divinos.

La persona con TRP por lo general está adscrita a una tradición religiosa frente a la cual no ha podido decidir y comprobar su efectividad en cuanto a su relación con Dios.

Ya dentro de la dinámica religiosa el individuo con un TRP ha sido adoctrinado por sus padres, por un grupo sectario, una institución o una comunidad, que le ha vendido la idea de que las prácticas religiosas son el único medio de contactar con Dios y obtener su “bendición”; pero el individuo religioso ha caído en la intolerancia y la intransigencia frente a todo aquel que no comparte su “doctrina”, y considera que se “autosalva” y los demás están “condenados”.

El individuo con TRP es un producto de la cultura, la tradición y la transmisión familiar de las diversificadas  creencias del ser humano.

3. 5 Ayuda-tratamiento-intervención

En individuo con TRP necesita realmente de la liberación y sanidad divinas, que lo libren de sus concepciones ritualistas, tradicionalistas, incluso idólatras, como medios efectivos de llegar a Dios y obtener sus favores.

Necesita la persona aprender que la verdadera religión libera a la persona, y no le exige ritualismos inventados para autojustificación personal; la expresión del amor de Dios y el amor a los semejantes, surge de un corazón que ha conocido realmente el amor del Creador y la gracia divina.

Con estos individuos puede funcionar:

§  Enseñarles la liberación divina expresada en las Sagradas Escrituras.
§  Confrontarles en cuanto a los rituales, de modo que puedan reflexionar sobre la verdad de Dios también enseñada en las Sagradas Escrituras.
§  Motivarles a tener un amor más misericordioso con sus semejantes, de manera que el juzgar o ser juez de otros sea un comportamiento en constante erradicación.
§  Trabajar en sus esquemas mentales: “Si hago obras buenas, Dios me salva”, “Si ayudo a muchos soy mejor persona, mejor que otros”, “Si estoy la mayor parte del tiempo en la iglesia soy muy espiritual”, “El pecado depende de que uno se sienta bien o no con lo que se haga”, “Dios no pide cuentas de nada ni a nadie…Nos ama a todos simplemente”, etc.
§  Manifestarle amor y comprensión al paciente quien ha quedado atado a prácticas religiosas, inflexibles, rígidas, carentes de misericordia.

3. 6 Casos cotidianos del TRP

a. Ejemplo clásico de la religiosidad en las Sagradas Escrituras: “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” (San Lucas 18. 9-14)

b. “Hombre de 40 años, religioso, con estudios extendidos y profundos en ciencias religiosas; militante religioso, pero que aún no ha podido ser libre de comportamientos inmorales, que oculta permanentemente, por temor a su imagen, así como una tendencia a permanecer callado dado el imaginario que la sociedad maneja del religioso. Sabe que de un momento todo podría salir de lo oculto.”


c. “Rituales de Semana Santa. En algunas religiones o movimientos sectarios, los individuos se autoflagelan, hacen sacrificios personales cruentos y diversificadas maneras de poder obtener el perdón y la bendición divina; su autocontrol y “santidad” durará mientras se den los rituales; cuando finalicen, el pecado original vendrá con mayor fuerza sobre sus vidas, evidenciando su precaria condición espiritual. Ni los sujetos mismos entienden por qué ello ocurre de dicha manera.”