sábado, 3 de enero de 2015

3. EL TRASTORNO RELIGIOSO DE LA PERSONALIDAD


3. 1 Descripción

Los individuos con trastorno religioso de la personalidad (TRP) consideran que Dios es una construcción y experiencia propia, que depende de los rituales, devociones, pensamientos religiosos, obras humanas en general, que puedan ponerse en práctica para ganar la indulgencia y los favores del Creador.

Como puede apreciarse, una gran proporción de la humanidad se rige por prácticas religiosas que considera absolutamente verdaderas aunque no se tenga un soporte espiritual y real de dicha relación con la Deidad.

En este sentido son infinitos los sistemas religiosos, sectas, movimientos espirituales, entre otros más, inventados por hombres astutos que se aprovechan de las necesidades espirituales de sus fieles, quienes en esencia sí desean tener una relación personal con Dios, aparte de lograr unas prácticas religiosas sanas para con el Creador.

Asimismo, muchas de las doctrinas inventadas por dichos hombres están plagadas de sus errores, imperfecciones y convicciones sobre lo que consideran la verdadera espiritualidad.

El individuo religioso suele vender una eternidad de la cual ni el mismo tiene garantía y certeza humana; así como referir experiencias espirituales espectaculares que nadie más ha podido tener.

La persona con TRP practica ritos religiosos de los cuales no tiene certeza de su eficacia, así como un autoperdón, como si viniera de parte  de Dios mismo, de sus falencias y pecados, pero sin lograr jamás una liberación plena de lo que esclaviza su vida. Estos individuos suelen ser incongruentes, por supuesto, entre aquello que predican y lo que realmente aplican.



El ritualismo se explica por la serie de actos religiosos, supuestamente aceptados por Dios y falsamente eficaces en la conciencia de las personas.

La devocionalidad le permite o autojustifica dándole un tinte afectivo y emocional a su religiosidad.

Los actos bondadosos y sacrificiales (que deben ser normales o naturales) le generan el sentimiento de bondad y le hacen creer que Dios lo justifica por ayudar a otros o por su generosidad.

La liberación se experimenta de forma incompleta mientras dura el ritual, pero la condición humana en esencia sigue sin cambiar, sin justificación de parte del Dador de la vida.
Las personas con TRP pueden ser percibidas y valoradas como muy cercanas a Dios, como agentes irrefutables de la verdad, como personas más santas o como seres que sí van por el camino del bien.


3. 2 Rasgos descriptivos

Es posible postular los siguientes rasgos:



§  Autojustificación. El individuo religioso busca salvarse a sí mismo, y a otros por sus propios medios, y no por dirección divina.
§  Devocionalidad. Tendencia de la espiritualidad del individuo para dar carácter sagrado, o en su defecto de sacrilegio, a diversos eventos religiosos.
§  Idolatría. El individuo puede adorar imágenes, artilugios, artefactos, objetos religiosos meramente de carácter religioso y ritual, con énfasis animista.
§  Ritualismo. El individuo se adscribe o inventa rituales para “acercarse” a Dios.
§  Éxtasis. El individuo puede experimentar algunos estados alterados de conciencia, de trance, de “espiritualidad”, bajo sugestión de un líder, una doctrina o un ideal religioso.
§  Autosacrificios. El sujeto puede realizar sacrificios dignos de admiración por expiar sus pecados y sus culpas, así como realizar buenas obras persistentemente para sentirse bien delante del Creador.

§  Otras características. Que puedan ser identificadas alrededor del comportamiento religioso.



3. 3 Dinámica

El individuo con TRP corresponde a la mayoría del porcentaje de la humanidad de todos los tiempos, por cuanto la religión, el sectarismo, las ideologías y diversas corrientes del pensamiento, son producciones culturales e inventos humanos, y que semejante a lo humano, están llenos de errores, imperfecciones e injusticias.

La característica central del TRP es la creencia de poder “ganarse” a Dios por los propios medios, fuerzas y recursos, así como “autosalvarse” de una conciencia moralmente reprobable.

Estas personas pueden estructurar o seguir rituales que ejercen un “efecto psicológico” de autoindulgencia, autoperdón y paz, en la conciencia del individuo, pero que, cuando se esfuma dicho efecto, sienten en sí las consecuencias de la falta de arrepentimiento y enmienda que exige el Creador de sus hijos.

Estas personas muy arraigadas en tradiciones religiosas, buscarán que otras permanezcan en la misma dinámica religiosa o que cambien de forma de parecer a su propio sistema “más eficaz”.

El religioso suele tornarse inflexible, rígido, sectario, de modo que algunos movimientos religiosos se vuelven violentos en la imposición de sus creencias y ritos, demasiado permisivos con la inmoralidad, como ocurre en otras instancias.

Este individuo es excelente para mirar la paja en el ojo ajeno, pero cuenta con la imposibilidad de verla en sí mismo, desarraigarla.

El religioso espera fechas específicas para “santificarse” o “enmendarse”, pero apenas pasen, seguirá en su desenfreno de conducta y su ritualismo sagrado.

En realidad, uno de los rasgos o proceso cognitivo marcado en el individuo con TRP es el autoengaño de creer que está bien con el Creador y que tiene su eternidad garantizada.





3. 4 Posible etiología

El ser humano tiende a la trascendencia; desde la antigüedad se ha preguntado por la Deidad, por algo más allá de lo terrenal: ¿Qué viene después de la muerte? ¿Cuál es el papel del sufrimiento en la vida? ¿Existe la Salvación? ¿Existe la condenación?, preguntas que inquietan día a día a la persona. El individuo sabe que tiene un consciencia que le indica si sus comportamientos son moralmente adecuados o no (“buenos” o “malos”).

En esa medida el individuo puede caer en la tentación de elaborar sus propias explicaciones y teorías acerca de Dios y lo trascendente, para suplir sus “necesidades espirituales”; en esta dirección no son pocas las religiones, sectas, movimientos espirituales creados por el individuo para explicar a Dios y tratar de comprenderlo. En consecuencia: ganar el favor y la indulgencia divinos.

La persona con TRP por lo general está adscrita a una tradición religiosa frente a la cual no ha podido decidir y comprobar su efectividad en cuanto a su relación con Dios.

Ya dentro de la dinámica religiosa el individuo con un TRP ha sido adoctrinado por sus padres, por un grupo sectario, una institución o una comunidad, que le ha vendido la idea de que las prácticas religiosas son el único medio de contactar con Dios y obtener su “bendición”; pero el individuo religioso ha caído en la intolerancia y la intransigencia frente a todo aquel que no comparte su “doctrina”, y considera que se “autosalva” y los demás están “condenados”.

El individuo con TRP es un producto de la cultura, la tradición y la transmisión familiar de las diversificadas  creencias del ser humano.

3. 5 Ayuda-tratamiento-intervención

En individuo con TRP necesita realmente de la liberación y sanidad divinas, que lo libren de sus concepciones ritualistas, tradicionalistas, incluso idólatras, como medios efectivos de llegar a Dios y obtener sus favores.

Necesita la persona aprender que la verdadera religión libera a la persona, y no le exige ritualismos inventados para autojustificación personal; la expresión del amor de Dios y el amor a los semejantes, surge de un corazón que ha conocido realmente el amor del Creador y la gracia divina.

Con estos individuos puede funcionar:

§  Enseñarles la liberación divina expresada en las Sagradas Escrituras.
§  Confrontarles en cuanto a los rituales, de modo que puedan reflexionar sobre la verdad de Dios también enseñada en las Sagradas Escrituras.
§  Motivarles a tener un amor más misericordioso con sus semejantes, de manera que el juzgar o ser juez de otros sea un comportamiento en constante erradicación.
§  Trabajar en sus esquemas mentales: “Si hago obras buenas, Dios me salva”, “Si ayudo a muchos soy mejor persona, mejor que otros”, “Si estoy la mayor parte del tiempo en la iglesia soy muy espiritual”, “El pecado depende de que uno se sienta bien o no con lo que se haga”, “Dios no pide cuentas de nada ni a nadie…Nos ama a todos simplemente”, etc.
§  Manifestarle amor y comprensión al paciente quien ha quedado atado a prácticas religiosas, inflexibles, rígidas, carentes de misericordia.

3. 6 Casos cotidianos del TRP

a. Ejemplo clásico de la religiosidad en las Sagradas Escrituras: “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” (San Lucas 18. 9-14)

b. “Hombre de 40 años, religioso, con estudios extendidos y profundos en ciencias religiosas; militante religioso, pero que aún no ha podido ser libre de comportamientos inmorales, que oculta permanentemente, por temor a su imagen, así como una tendencia a permanecer callado dado el imaginario que la sociedad maneja del religioso. Sabe que de un momento todo podría salir de lo oculto.”


c. “Rituales de Semana Santa. En algunas religiones o movimientos sectarios, los individuos se autoflagelan, hacen sacrificios personales cruentos y diversificadas maneras de poder obtener el perdón y la bendición divina; su autocontrol y “santidad” durará mientras se den los rituales; cuando finalicen, el pecado original vendrá con mayor fuerza sobre sus vidas, evidenciando su precaria condición espiritual. Ni los sujetos mismos entienden por qué ello ocurre de dicha manera.”

domingo, 28 de diciembre de 2014

2. EL TRASTORNO FICTICIO DE LA PERSONALIDAD


2. 1 Descripción

Los individuos con trastorno ficticio de la personalidad (TFP), que también podríamos denominar personalidad aparentadora, artificial o falsa, presentan tendencias y comportamientos para edificar y construir una vida falseada, fantasiosa, mistificada, ficcional, para demostrar a otros los que no son, y aparentar ser mejores e incluso felices.

El individuo ficticio, sin rasgos de psicosis, construye un mundo donde confluyen modas, jergas, estilos y hábitos, pasatiempos, tecnología, entre otros, que camuflan u ocultan su verdadera identidad y vacío personal, cuando no su insatisfacción en la vida. Este sujeto sobreactúa cada día, no auténticamente, sino inventando nuevos estilos o estereotipos sociopersonales para lograr aceptación, incluso algo de atención y admiración, como le puede ocurrir al individuo narcisista o al histriónico.

Las personas ficticias adquieren jergas específicas para resignificar el mundo, y tomar el control mediante el lenguaje, de sentimientos y emociones particulares; en cada país surgen términos y expresiones que unifican, homogenizan, acercan, y supuestamente rompen las barreras interpersonales.

El individuo ficticio se apega a modas peculiares, que lo esclavizan y lo hacen adscribirse a grupos urbanos y subculturas específicas con pensamientos e ideologías bastante polémicas ética y moralmente.

La vida de “novela” que estructuran estas personas puede basarse en los estándares o modelos socioculturales que perciben y aprehenden en los medios masivos de comunicación; los modelos y estereotipos sociales los afectan, por lo general, negativamente.

En consecuencia, no es raro ver personas vestidas semejante a sus ídolos, a sus personajes favoritos; con indumentaria de sus equipos favoritos; individuos con estilos, incluso apariencia física muy similar o imitativa de otros. Aquí lo patológico radica en la rebeldía y modales intransigentes que el individuo esgrime para defender su vida ficcional, como sinónimo de libertad, autenticidad o felicidad.

La ficcionalidad está dada por la estructuración de un estilo de vida falso, aparentador como sinónimo de libertad, éxito y felicidad.

La falsedad se oculta para dar la apariencia de que se lleva una vida adecuada y productiva. El ficticio actúa como si realmente fuera plenamente auténtico.

La artificilidad se evidencia en su discurso y aquellas cosas con cierto tinte “vano” que esclavizan su vida o la estructuran.
Las personas con un TFP pueden ser percibidas como personas hipócritas, falsas, “dobles”, oscilantes, despersonalizadas, carentes de autenticidad real, realmente tornándose raras y excéntricas.





2. 2 Rasgos descriptivos

Es posible postular los siguientes rasgos:
·       Rebeldía. El individuo debe estar en contra de lo establecido para incorporar comportamientos y la influencia de los demás.

·       Superfluidad. El individuo no posee un discurso trascendente de la vida, carece de pensamiento crítico y de ideales altruistas.

·       Pasionalidad. El sujeto llega a adorar su vida falsa, procurando demostrar verdadera libertad y realización personal.

·       Artificialidad. Al sujeto ficticio no suelen lucirle sus artilugios y gadgets con los cuales precisamente busca validar su estilo de vida.

·       Fantasiosidad. El sujeto necesita crear un mundo ficticio donde refugiarse de las influencias estresantes ante cumplir las normas, la ley, la moral.


     ·  Otras características. Que puedan ser identificadas alrededor del comportamiento ficticio.


2. 3 Dinámica

Un individuo con  TFP crea un mundo fantasioso en torno de su vida cotidiana y natural; en este sentido, no es afín ni tiene nada que ver con el psicótico; puede decirse que se aproxima más al neurótico en la medida en que necesita desarrollar conductas que le permitan adaptarse y erradicar la ansiedad de su vida.

La existencia ilusa de los ficticios gira en torno de la farándula, los ídolos, los famosos, los vítores, los eventos musicales de moda (conciertos, partys), las tendencias modernas, la psicodelia, los realities, los concursos, los amores platónicos, la seducción por lo tecnológico que le permita refugiarse y construir una nueva personalidad, entre otros.

El ficticio hará de eventos banales de la vida, situaciones trascendentales en su lenguaje, en su modo de ver, porque ha sido su percepción y su vivencia. La falta de autenticidad es notoria, y a veces no concuerda su apariencia física con el discurso más elaborado y formado que se esperaba al escucharle.

Este individuo es patológico porque tiende a arrastrar tras de sí a otras personas, que son sacadas de la sencillez y la moral de la vida, por supuestamente liberarse o sentirse cool.

  Para los sujetos con TFP las marcas son fundamentales e indican que está en lo correcto, en lo eficiente, en lo moderno, en lo novedoso, en lo auténtico, lo in, el futuro mismo. La apariencia para ellos es más que fundamental y la impresión que se cause a otros es una obsesividad porque de allí depende su orgullo, libertad y éxito… lo que los demás dirán de él.


2. 4 Posible etiología

El individuo ficticio es un subproducto de la cultura misma, la cual crea necesidades ficticias, nuevas; intereses falsos; modas obligantes; tendencias seductoras. Esto no es algo nuevo y se ha visto con el desarrollo de la tecnología y los diversos bienes materiales, cómo el individuo es influenciado, positiva o negativamente, por los objetos, modas y tendencias productoras de la felicidad.

Es el hogar, desde su dinámica familiar, la forjadora de la autenticidad o inautenticidad de los hijos, los cuales pueden aprender, por prescripción de sus padres, a llamar a lo vano trascendental y a lo esencial superfluo. Todo ello crea también una confusión de valores en la misma forma de vivir del sujeto; y si bien es casi imposible realizar un listado exhaustivo y perfecto de lo que es trascendental en la vida de lo que no lo es, la patología enmarca el autoengaño diario en el que se sume el individuo creyendo que es emblema de la autenticidad personal.

Los padres y cuidadores, además de algunas figuras de autoridad para el sujeto, transmiten lo importante de la existencia o lo banal de ella al individuo, al cual le suele ser más fácil vivir el sentido superficial de la misma.

La presión de grupo o el grupo de pares puede cambiar la naturalidad, sencillez y moral del sujeto, en aras de dar gusto al grupo, liberarse y “ser feliz”, así se tenga que renunciar a los nobles ideales y la autenticidad.




2. 5 Ayuda-tratamiento-intervención

No es fácil que un individuo con TFP busque ayuda porque puede asumir su existir diario como auténtico, y basado en gustos, intereses y preferencias que le deben ser respetadas (así algunas de ellas puedan ser inadecuadas). Por ejemplo: el consumo de marihuana viene siendo legalizado en algunos países, haciendo normal su consumo “racional”, minimizando-subestimando sus riesgos, aunque la investigación científica haya demostrado algunos de sus efectos nocivos, aparte de la misma vida que llevan dichos individuos consumidores.

Es posible que el sujeto busque ayuda cuando experimente algo así como un “vacío existencial”, o pueda tener síntomas depresivos, obsesivo-compulsivos o un trastorno del estado de ánimo ligado a frustraciones.

Para este sujeto atado-esclavizado a lo superficial, pueden funcionar las siguientes directrices:
§  Identificar factores o eventos en el individuo que le hacen confiar en modas, tendencias, estilos, apegos… quizás a cosas no tan urgentes en su vida cotidiana.

§  Confrontarle a que disfrute también de lo sencillo, lo simple, lo natural, lo familiar, de modo que pueda encontrar su propia esencia personal.

§  Hacer con él un listado de eventos que realmente no le aportan nada a su calidad de vida, y que por el contrario lo pueden tornar un individuo más vacío, superficial, acaso “plástico”.

§  Sensibilizarle frente al valor o lo valioso de compartir en familia, con amistades sanas, metas nobles, ideales propios, etc.

§  Otras que puedan derivar de la interacción dialógica o conversacional con el sujeto.




“Lo importante no es con qué nació uno, sino qué uso le dé a esos dotes”
Alfred Adler






1. 6 Casos cotidianos del TFP

a. “Mujer de 25 años. Ante sus vecinos y en general en su comunidad, es una mujer de casa y responde por sus hijos. En realidad de noche, trabaja en prostitución, y hace cosas que a la luz del día no podría exhibirlas. Aparentemente se ve bien. En su vida personal sabe que algunas cosas marchan muy mal.”

b. “Mujer de 32 años. Muy aficionada a los programas realities, concursos, novelas; no pierde oportunidad de asistir a cada uno de ellos, si tiene la oportunidad; considera que su vida es “untarse” un poco de farándula y fama: ha llegado a pensar que las verdaderas emociones y sentimientos son los que exhiben allí los protagonistas; que aquella es una vida ideal, triunfante y emocionante. Pese a ello, reconoce cierto vacío personal, y no puede ocultar cierta falsedad en muchos eventos a los cuales asiste.”

c. “Hombre de 40 años. Mantiene contactos y relaciones virtuales con varias mujeres de diferentes edades. En realidad la fotografía que usa no es la que corresponde a su real apariencia física; no presenta las características y logros que les refiere; busca llamar la atención y tener aceptación, aunque sólo sea en la red; quizás alguien lo pueda aceptar como es si sutilmente va desenmascarando su realidad personal; considera que el éxito es el que otros le pueden brindar con retroalimentaciones virtuales agradables. De todas formas es consciente de que muchos comportamientos similares han causado muchos problemas en la vida social. Hasta muertes se han producido por engaños virtuales.”

“El hombre es abofeteado por las circunstancias mientras se piense a sí mismo como un ser creado por las condiciones exteriores, pero cuando se da cuenta que es un poder creativo, y que puede manejar las tierras y semillas de su ser de las que las circunstancias nacen, se convierte en el  dueño y señor de sí mismo.”
James Allen 









sábado, 27 de diciembre de 2014

1. EL TRASTORNO INTOLERANTE DE LA PERSONALIDAD



1. 1 Descripción

Los individuos con trastorno intolerante de la personalidad (TIP) suelen estar motivados por una constante impulsividad, impaciencia y hostilidad frente a la manera de actuar de otros o los eventos de la realidad, en cuanto a cómo debieran ser-ocurrir u operar.

Estas personas son un producto y confirmación en la época contemporánea, del egoísmo que caracteriza al individuo al pretender que los eventos ocurran a su acomodo, por un lado, o que las personas actúen como ellos lo desean inmediatamente, por el otro.

El individuo intolerante considera que los sucesos deben seguir el curso que él cree son los correctos o perfectos, de modo que, a la manera de las personas obsesivo-compulsivas, hay una fuerte tendencia al perfeccionismo y sus falsas caretas.

La impulsividad lleva al individuo a actuar correctivamente (violando quizás los derechos de otros), sin control, sin medir las consecuencias y a merced de los afectos, emociones y sentimientos negativos.

La impaciencia presupone el afán de la persona por obtener lo que desea, aun cuando puedan derivarse consecuencias negativas de diversos actos. El individuo impaciente, en consecuencia, actuará errático y los resultados, cuando tenga tiempo de analizarlos, no serán lo que inicialmente hubiera pensado o planeado.

La hostilidad significa la rabia, el odio, la cólera latentes, contra un mundo que no marcha a su antojo, así como la solución impulsiva e irracional a la hora de actuar o hacer justicia por su cuenta.

Las personas con un TIP pueden verse inmiscuidas en tragedias y problemas de diversa gama, por su falta de misericordia, comprensión, tolerancia, solidaridad, convivencia, autocontrol, entre otros, todas ellas acciones ideales en la interacción social.



1. 2 Rasgos descriptivos

Es posible postular los siguientes rasgos:

·   Impulsividad. El sujeto no controlará sus impulsos cuando una situación le sea adversa, molesta o intolerable.

·    Estrés. El sujeto manejará ciertos niveles altos de estrés derivados de diversos factores frustrantes (dificultades emocionales; disfunción familiar; problemas o carencias laborales; fanatismo; abuso de poder; vanidad-orgullo; presión social; cambios vitales molestos e infortunados, etc.)

·     Abuso. Por su pérdida de control personal el individuo derivará en comportamientos inadecuados que atentan contra otros, y finalmente en detrimento de sí mismo.

·     Hostilidad. El sujeto manifestará agresión o agresividad por ajustar las situaciones a su acomodo o el comportamiento de los demás a sus caprichos, prejuicios o convicciones.

· Frustración. Es probable que el sujeto lleve consigo frustraciones (fracasos) diversas que puedan ser descargadas o confrontadas con otros en situaciones detonantes de las relaciones interpersonales.

·  Perfeccionismo. Puede darse cierto falso y mal entendido perfeccionismo en los objetos o situaciones que alteren al sujeto cuando la realidad u otras personas no fluyen a su parecer.

·       Crítica. El individuo ha interiorizado una forma automática de criticar, juzgar las situaciones.

·      Hipersensibilidad. A todo lo que considere un estímulo molesto a su egoísmo u orgullo.

·       Otras características. Que puedan ser identificadas alrededor del comportamiento patológico intolerante.


1. 3 Dinámica

Un sujeto con TIP permanece atento a los menores y mínimos detalles que pueden estar en contra de su sistema de funcionamiento del mundo y del actuar de los demás.

Estos individuos anhelan que otros se comporten de x  manera y por tanto sean de tal forma; cuando alguien actúa y no están de acuerdo con ello, pueden tornarse humillativos, despreciativos, comparativos. El sujeto, por ejemplo, en diversas situaciones puede: echarle su vehículo encima a un transeúnte que cruza la calle (porque no le da paso inmediato y veloz); tratar mal verbalmente a otro por una demora en la atención; tener una descarga de furia al interpretar sus intereses amenazados, así la persona sea su amiga o un íntimo.

Los individuos con TIP esperan los eventos detonantes o los detalles que sirvan de excusa para que su egoísmo, soberbia o vanidad, encuentren salida y expresión en la realidad; el intolerante gritará groseramente a otro de lo que se puede morir, carece o inspira. Es una manifestación del odio y desprecio humano en acción.

La persona con este tipo de trastorno, que es transversal a cualquier campo o rol de acción humanos, porta en sí la rigidez y la “horma” que espera sean las circunstancias y las conductas humanas de sus semejantes.

El intolerante (en cierto sentido semejante al comportamiento antisocial en psicopatología) está dispuesto a defenderse y a atacar automáticamente cuando su sensación de control y autoorgullo se vean amenazados, alterados o incluso objeto de ofensas.

Por lo demás, la patología del intolerante radica en varios aspectos; el daño que causa a cualquier relación de convivencia o de pareja; su predisposición a violentarse cuando la impulsividad y pérdida de control le asalten; también su inclinación insidiosa y empecinada a no dar su brazo a torcer y ser más flexible con las situaciones de la realidad y el modo particular de ser de los demás.


Los intolerantes operan como: vecinos insidiosos y conflictivos; como conductores adictos a la velocidad y la intransigencia; como padres de familia maltratadores e injustos; como compañeros de trabajo oposicionistas y traicioneros; como gobernantes adictos y perpetuados en el poder y sordos a las necesidades de otros o de sus opositores; como jefes que creen poder hacerlo todo y desconocer las capacidades de sus subalternos o colaboradores; como estudiantes que odian a sus compañeros, entre miles de comportamientos más.

1. 4 Posible etiología

En las raíces (factores, causas) de la intolerancia (considerada como un antivalor, una mala actitud, una descortesía, entre otras) pueden perfilarse varias directrices; el comportamiento intolerante encuentra en el desamor y la desconsideración un buen caldo de cultivo, de forma que, mediante la expresión de la conducta intolerante, en sus variantes, el individuo expresa su altivez y concepto errado de sí como persona al interactuar con los demás.

El TIP tiene en el comportamiento egoísta (de bastante condición humana profunda) otra fuente de intolerancia, cuando la persona espera que todo funcione o marche como lo quiere y cuando lo quiera; el egoísmo no deja percibir las necesidades de los demás, mucho menos sus derechos y metas. El egoísta está centrado en sí mismo, y de esa forma no puede percibir el mundo como una comunidad sino como un grupo donde sólo él es el único miembro. Es un intolerante de otros.

Los hogares con dinámica familiar humillativa, altiva, comparativa, también incuban individuos que no soportan a sus semejantes, porque así lo aprendieron con sus padres o cuidadores; aquel que no fue soportado positiva y amorosamente no puede soportar a sus semejantes.

En el TIP también la cultura privilegia o legitima, en aras de la libertad de expresión y la misma tolerancia, comportamientos clasistas, comparativos, esnobistas, xenofóbicos, racistas, elitistas; modas, tendencias, jergas, grupúsculos, estilos, etc., que en realidad crean bandos entre las personas, las cuales en aras de sus propios intereses no encuentran fácil el soportarse mutuamente por las marcadas diferencias interiorizadas.

Sin dudas que, los nuevos casos, lamentablemente de proliferación diaria, añadirán factores desencadenantes del TIP.

1. 5 Ayuda-tratamiento-intervención

El individuo intolerante, con características patológicas (persistentes e incontrolables), puede aprender a flexibilizar su comportamiento, incluso controlarlo asertivamente, si tiene las siguientes premisas o aperturas para su progreso:

§  El individuo reconoce su tendencia y conducta intolerante constante, la cual le ha comenzado a acarrear dificultades en diferentes niveles (por ejemplo: ya atacó intempestivamente a otra persona con cuchillo, aunque fuera algo que tuviera necesariamente programado; o quizás el sujeto maltrató a los hijos con consecuencias lamentables…)

§  El individuo deberá superar y erradicar clichés mentales (etiquetas cognitivas) acerca de sus relaciones con otros y con la realidad: “Los demás son unos ineptos”, “Las personas no saben ni…”, “Las cosas se hacen rápido y listo”, “Si me atacan, me defiendo inmediatamente”, “Con la gente no se puede contar”, “Sólo lo mío, lo que pienso y hago es lo eficiente y válido”, etc.

§  Deben precisarse-discernirse algunos rasgos obsesivos y compulsivos que llevan a la persona a perder el control de sí y arremeter en contra de otros.

§  Debe considerarse el perfeccionismo como un síntoma sutilmente camuflado en el individuo que interpreta lo de los demás como una equivocación, error, insignificancia, ineficiencia, etc.

§  Debe conducirse al individuo a sensibilizarse con las probables consecuencias negativas del comportamiento intolerante, de modo que afirme en lo profundo de su pensamiento que puede operar con mayor humanidad, misericordia y flexibilidad.

§  El terapeuta puede utilizar casos ejemplificantes del TIP, que debiliten la inflexibilidad y postura rígida del individuo, y que lo prevengan ante errores que le puedan pesar toda la vida (Por ejemplo: alguien no tuvo tolerancia con el peatón y decidió arrollarlo con su vehículo; ahora paga largos años de condena…)

§  Otras que surjan de las relaciones dialógicas con estas personas.

“Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza.” Antonio Machado


1. 6 Casos cotidianos del TIP

a. “Señora de cuarenta años. No soportó que su hijo de 10 años le desobedeciera y que estuviera inquieto. Perdió el control total en el momento y lo agredió con la chapa o hebilla de una correa en las piernas, causándole cortes que levantaron la piel. El niño no ha podido participar en las clases de educación y cultura física, hasta que sanen las heridas. Después de haberse dialogado con la señora, mostró tristeza, desconcierto y arrepentimiento. Cuando se le preguntó por qué había obrado así y no de otra forma más asertiva respondió: “fue como si se me hubiera metido el diablo en un instante…”. Se le explicó que la intolerancia acompañada de otros factores (rabia, impaciencia, impulsividad, frustración…) constituyen una bomba de tiempo en cualquier momento de las vida.”

b. “Dos hombres de treinta y cinco años en promedio. Ambos caminaban por una calle principal de la ciudad, y necesitaban atravesar por el semáforo a la calle contraria. Tropezaron. Inmediatamente mostraron su enojo. Se profirieron palabras groseras y se enfrascaron a los golpes  en medio de una multitud agolpada en instantes. Hirieron sus rostros por los golpes. Luego cada cual se sacudió, arregló sus vestiduras y siguieron su camino.”

c. “Mujer explosiva y conflictiva. Se incomoda por todo; si percibe mucho ruido, si algo suena, si alguien quita o pone, atenta a los detalles a su alrededor que puedan ser motivo de su queja e intolerancia, la cual hace manifiesta a sus vecinos e inquilinos, los cuales procuran hacer como si no existiera para evitar mayores incomodidades y confrontaciones.”

d. “Joven señorita de dieciséis años, quien atacó con cuchillo a una de sus amigas y compañera de estudio, por celos relacionados con un jovencito que había tenido vínculos que ambas señoritas. La joven agresora era una estudiante promedio, sin aparente trastorno alguno o curso mental patológico.”

e. “Dos hermanas. Una de ellas dejó caer accidentalmente una gota de líquido blanqueador, el cual afectó o dañó la ropa de su hermana; ésta enfurecida interpretó la acción como a propósito y tomó la ropa de su hermana y la dañó toda con venganza e impulsividad incontrolada. La intolerancia del momento hirió la relación entre estas dos hermanas de sangre y familia.”

f. Un caso[1] prototípico nacional (en Colombia)

MURIÓ LUEGO DE SER HERIDO EN REPETIDAS OCASIONES CON UN ARMA CORTOPUNZANTE, EN UN BARRIO DE USAQUÉN

A sus 38 años, Francisco Cifuentes Ferreira –o ‘Tata’, como lo llamaban familiares y amigos – se convirtió en una nueva víctima de intolerancia en Bogotá.
Tata murió luego de ser herido en repetidas ocasiones con un arma cortopunzante para luego ser arrojado por una de las terrazas del edificio Santa Cruz de los Molinos, en la calle 105 con carrera 17, en el barrio San Patricio (localidad de Usaquén). Según algunas versiones, la agresión se dio en la madrugada del lunes, cuando Cifuentes escuchó música que provenía del apartamento 304, donde residía David Emanuel Manotas Char. Al pedirle que le bajara al volumen de la música, Cifuentes –según la Policía– fue agredido por Manotas. Tras el homicidio, el hombre –usando solamente un pantalón de sudadera y un par de medias– tomó el arma y bajó por el ascensor, que ayer amaneció totalmente ensangrentado; luego, amenazó al vigilante de turno y huyó con rumbo desconocido.
“Escuché muchos gritos, así como cuando él (Manotas) hacía esos bochinches. Me dio miedo y llamé a la Policía. Ahí supe que el tipo ya lo había apuñalado”, recordó una vecina. Cuando la ambulancia llegó al lugar encontró el cuerpo de Cifuentes sin signos vitales. “Tenía heridas en la cara, en los hombros y en los antebrazos. Además de politraumatismo y trauma craneoencefálico”, agregó el Centro Regulador de Urgencias y Emergencias (CRUE).

Estaba acostumbrado a la rumba y la música estridente

“A este señor (Manotas) le gustaba la rumba y consumía droga. Cuando estaba en sano juicio era decente, pero cuando perdía el sentido, era otra persona”, explicó un residente. Según la Policía, hace dos meses uniformados del cuadrante fueron al mismo edificio a atender una gresca entre los dos protagonistas de la tragedia. De Cifuentes se sabe que laboraba como corredor de la Bolsa Agropecuaria. Manotas, por su parte, permanecía en la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de Paloquemao, donde fue llevado luego de que la Policía lo capturara en Barrios Unidos, tres horas después.

El dato

David Emanuel Manotas le dijo a Citynoticias que actuó en defensa propia y que Cifuentes “saltó por la ventana”.
Bogotá | 02/09/13

g. Infinitos casos más de la vida cotidiana…